Extracto de "Delirios de persecución"

Cuando sale del Parador dejando en la barra al hombre de la cazadora, ha empezado a llover otra vez. Encuentra muy poca gente en las calles y la falta de luz ha provocado que se hayan empezado a encender las farolas a pesar de que son solo las cinco de la tarde. Descubre una pequeña librería que debe de ser nueva, al menos para él, pegada a la casa de Leonor de la Vega, frente a la que siempre se detenía su mujer para admirar los herrajes de las puertas de acceso. No hay otros iguales, recuerda Marcos que ella decía cuando se paraban delante de la casa gótica de la madre del primer Marqués de Santillana. Entra en la tienda y curiosea entre los libros hasta que se decide a comprar uno que tiene pinta de ser entretenido y de no dar mucho que pensar. Le vendrá bien intentar meterse en la historia de la novela y dejar descansar la suya propia.
Esa misma noche comienza a leerlo pero a pesar de su mejor voluntad, cada dos párrafos tiene que volver atrás para encontrar sentido a lo que acaba de leer. Rendido, cierra los ojos aunque sabe que aún no podrá dormir. Por eso, ni se molesta en apagar la luz de la mesilla.

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