Extracto de "Delirios de persecución"

Pero por mucho que se castigue, lo sucedido aquella noche no podía haberle dado ninguna pista, piensa, todavía sentado en la silla de su habitación del hotel de Ruiloba, contemplando desde el ventanal el campanario de la Iglesia de la Asunción. Y, sin embargo, ahora, en la distancia, reconoce el desagradable olor que llenaba la habitación y que en aquel momento no supo distinguir. Esta noche lo percibe como si emanase de él.
Lo lleva dentro.
El olor del alcohol.
Qué fácil resulta darse cuenta de las cosas cuando ya han pasado y, sobre todo, cuando existen nuevos datos que en aquel momento se desconocían y que después se han ido revelando poco a poco. Lo cierto es que esa noche lo único que le aportó fue la sensación de que la bienvenida de su mujer cuando él llegaba del trabajo no era inmutable y definitiva. Que podría llegar un día en que no se produjera más. Y eso sí que le asustó. ¿Premonición?, se pregunta ahora, podría ser, aunque él no cree mucho en esas cosas.

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