Extracto de "Delirios de persecución"

Desde la carretera, que antes no era más que un camino de tierra, se divisaba el mar, pero ahora ya sólo se ven unos adosados blancos con toallas multicolores tendidas en las barandillas de los balcones. Marcos ha tenido que aparcar y bajarse del coche para poder distinguir, con dificultad, un pedacito del intenso azul del agua entre las vallas de las nuevas construcciones.
Mira a su alrededor y no le gusta lo que ve. Tanto tiempo recordando aquel lugar idílico al que hasta hoy no había podido volver más que en sus sueños y ahora lo único que siente es decepción. A pesar de que no hay nada que ver, se queda un buen rato sentado en el coche con las ventanillas abiertas para que le entre una brisa de mar que sólo sopla en su cabeza. Está pensando en regresar a Madrid en ese mismo momento y no continuar con un viaje que ha tenido tan mal comienzo. Ha pasado meses planeando su vuelta al edén perdido y la posibilidad de que el resto de los lugares que han permanecido inmutables en su cerebro haya desaparecido lo mismo que ese pequeño acantilado en el que está ahora, hace que se plantee seriamente dejar de soñar para enterrar por fin los recuerdos ligados a aquella época en un nicho sin fondo.
Qué descanso, sepultar el pasado para siempre.
(...)

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